Vence la procrastinación: Técnicas sencillas que puedes aplicar desde hoy.

¿Que tienen en común las cosas importantes que postergas? 

Probablemente que no sientes ánimos de hacerlas. De hecho, en ocasiones, el simple hecho de pensar en ellas te hace sentir incómodo, ansioso o abrumado.

Para evitar esa sensación posponemos la acción y nos refugiamos en actividades de bajo valor, o nos dejas atrapar por las distracciones. La postergación es el mayor derroche de tiempo y, finalmente, de vida. 

Paradójicamente, la mejor estrategia para calmar esas sensaciones incómodas no es huir de ellas, sino enfrentarlas. Cuando pasamos de la reflexión al modo ejecución desaparece la ansiedad generada por la anticipación. Enfrentar el problema se convierte en su solución.

Es por tanto fundamental desarrollar estrategias para vencer esta resistencia, para pasar de la reflexión o el sobrepensamiento a la acción. 

Hay muchos motivos por los que somos víctimas de la procrastinación. Algunos de los tipos de procrastinadores lo vimos en el artículo «5 tipos de Procrastinadores y su cura«. A veces, lo que interpretamos como resistencia es en realidad falta de claridad en el objetivo. Otras veces tenemos claro nuestro plan, pero el desafío parece tan grande que nos paraliza. En muchos casos, el miedo al fracaso nos impide dar el primer paso. Y con frecuencia, lo que nos detiene es simplemente la pereza.

Para todos estos obstáculos y quizás otros, aquí encontrarás algunas tácticas que te permitan sobreponerte.

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Recuerda tu meta y clarifica tu plan

Recordemos que somos los protagonistas y creadores de nuestras propias vidas, y tenemos una misión que llevar a cabo.

En esos momentos que sientes que la pereza se apodera de ti, recuerda tus valores, sueños y objetivos; aquello que quieres lograr en la vida. Visualiza constantemente lo orgulloso que te sentirás al haberte esforzado por algo que deseas, de vivir según tus convicciones y ser un ejemplo para otros. 

¿Es tu plan lo suficientemente concreto? si no lo es, es conveniente que empieces por trabajar en ello. Es importante saber con claridad lo que debes hacer cada día, cual es tu próximo paso. Si tienes dudas puedes buscar apoyo en quienes hayan conseguido las cosas que tú quieres lograr.

Visualiza tu objetivo final y evalúa frecuentemente el plan. Si tu mente no tiene claro el siguiente paso dudará a la hora de avanzar.

Lo importante es saber qué pasos deberías estar dando, uno tras otro, para evitar que la falta de dirección sea tu motivo de procrastinación.

Sueña en grande, pero empieza pequeño

Si conoces bien tu propósito pero te genera una ansiedad paralizante la brecha entre tu yo actual y lo que quieres conseguir, es posible que te estés abrumando al pensar en las dificultades o en el tiempo que requerirás para conseguirlo.Sin embargo la solución es simple: hazlo pequeño.

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Ten siempre en mente el destino, es decir, tu objetivo final. Pero céntrate día a día únicamente en el siguiente pequeño paso que debes dar. Hazlo tan pequeño como sea necesario.

Cuanto más alto pongas el listón menos probable será que lo saltes. 

Por ejemplo, en vez de comprometerte a entrenar una hora diaria, seis días a la semana, piensa en hacer solo cinco minutos de ejercicio al día. Una vez que empieces por inercia conseguirás romper las primeras barreras mentales, muchas veces en vez de entrenar cinco minutos lo harás por diez o quince, y poco a poco el hábito te irá envolviendo. 

Recuerda la primera ley de Newton: «Todo cuerpo preserva su estado de reposo o movimiento uniforme a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él».

Si aplicamos esta ley de la inercia al comportamiento humano entendemos que los objetos en reposo es decir, nuestra inactividad, tienden a permanecer en reposo, pero si creas un poco de inercia inicial el movimiento y se mantendrá también con más facilidad. Además la acción aumenta la motivación y al iniciar una actividad sentimos cierta necesidad de continuarla.

Ajusta tus expectativas

Para hacer cualquier cosa bien debemos tener la humildad para tropezar, ten el valor de empezar algo y hacerlo mal. El perfeccionismo es otra forma de procrastinación, una equivocada estrategia de autodefensa en donde nos decimos: si no puedo lograr la perfección, ¿para qué intentarlo?

Para evitar que este miedo a fallar te paralice reduce tus expectativas y trabaja en el miedo al fracaso. No hablo de conformismo y mediocridad sino de tus estándares con respecto a tu desempeño, sobre todo ante nuevos retos. Debes estar dispuesto a hacer las cosas mal antes de poder hacerlas bien. Todo es difícil antes de ser fácil.

Recuerda que no se trata de conseguir la perfección sino de avanzar, de ser mejor que tu versión anterior.

“Ve el mundo a través de los ojos de un principiante. Saber que no sabes y admitir que no sabes, sin necesidad de disculparte, te da fuerza y te prepara para avanzar en cualquier ámbito”

-Epicteto

Algo muy frecuente dentro del perfeccionismo es sentir que necesitamos toda la información o todos los conocimientos antes de poder actuar. En efecto aprender y estar capacitados es importante, pero igual de importante es llevar los conocimientos a la ejecución. 

Cualquiera que sea tu campo, siempre encontrarás innumerables opiniones, teorías y detalles. El resultado es que muchas veces caemos en la parálisis por análisis. Si esperas tener toda la información para conseguir la mayor optimización posible sin posibilidad de error, lo cierto es que nunca empezarás. 

No esperes tener un plan perfecto para dar el primer paso. El plan siempre lo irás mejorando según tus resultados y la nueva información que solo se genera sobre la marcha.

La disciplina le gana a la motivación

Es importante entender que las emociones y la acción son cosas separadas y no siempre están alineadas, pero aun así es tu deber hacer lo correcto. Hablo de hacer lo que sabes que debes hacer a pesar de lo que sientas al respecto. 

Por supuesto es más fácil hacer las cosas cuando nos sentimos motivados pero es importante desarrollar el músculo de la disciplina. Son tus acciones y no tus emociones las que definirán tus resultados. 

No esperes a que te provoque hacer lo correcto. No postergues la solución a tus problemas. Claro que la motivación facilita la acción, pero no podemos depender de su aparición para actuar. 

Las emociones son pasajeras pero las acciones perduran. Cuando vemos historias que nos inspiran no nos preguntamos si sus ejecutores estaban motivados o no, si tenían ganas o no, simplemente vemos y admiramos el resultado. Muchas veces la acción es la que te ayudará a generar motivación. Al actuar logras resultados y esos resultados te motivan a continuar. La acción se convierte en la causa de la motivación y no en su consecuencia. 

Otra razón para actuar a pesar de tus ánimos es que la acción resta energía a las emociones negativas, que se reducen rápidamente cuando estás inmerso en algo que tiene valor para ti. 

Esta capacidad de separar las emociones del comportamiento es muy poderosa, y es aplicable a otros muchos aspectos. Por ejemplo, es con frecuencia el miedo el que nos paraliza, y no la apatía. En este caso no esperes a que desaparezca el miedo, simplemente actúa con miedo. Y una vez más, la acción reduce el temor. 

Lo que repites se refuerza. Cada vez que pasas de un estado de anticipación a uno de acción aumentas la probabilidad de volver a lograrlo, y la incomodidad anticipatoria será cada vez menor. 

De la misma manera, no esperes sentirte completamente preparado antes de actuar. Ese momento nunca llegará.

En resumen, no esperes tener el estado mental ideal para actuar. A pesar de la pereza o el miedo, haz lo correcto. Son tus acciones las que cambiarán tu vida, no tus pensamientos ni emociones. 

Incorpora recompensas

Alcanzar cualquier objetivo complejo te llevará tiempo. Esto quiere decir que pasarás un tiempo prolongado realizando esfuerzo sin que esto te genere recompensas, llevándote a sentir desmotivación o quizás que tanto sacrificio no vale la pena. 

Si postergas indefinidamente cualquier tipo de recompensa tu cerebro aumenta su resistencia a la acción, dificultando adoptar nuevos hábitos o rutinas. Al igual que debes hacer el primer paso especialmente pequeño, es ideal incorporar pequeñas recompensas durante el proceso. 

Evidentemente para usar esta técnica es necesario usar la lógica y la razón. Si el daño que genera la recompensa  termina siendo superior al beneficio del objetivo final, el resultado neto será negativo. 

Para ponerte en perspectiva. Si tu meta final es ponerte en forma, y la recompensa por cada día de entrenamiento es cenar una hamburguesa bien cargada, seguramente estarás dañando tu objetivo final.

De hecho, con un poco de imaginación, seguramente encontrarás pequeñas recompensas que no solo no sean saboteadoras del objetivo final, sino que en muchos casos hasta lo complementen.

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